Antonio Molina
(www.tertuliaandaluza.oom)
José Luis Villegas Zea fue Concejal de Hacienda y después Teniente de Alcalde de Cultura del Ayuntamiento cordobés de 1979 a 1987. Actualmente era responsable de la Oficina de Proyectos Estratégicos. A su compromiso como responsable municipal hay que unir su lucha sindical desde Comisiones Obreras y su participación activa en los movimientos vecinales. Había sido Presidente de la Asociación de Vecinos La Axerquía. Una de sus últimas batallas ganadas fue conseguir, a través de un movimiento articulado y participativo, la permanencia de la Sociedad Plateros de San Francisco, cerca de la Plaza del Potro.
Al final de su vida, injustamente breve, supo distinguir lo importante de lo superfluo, lo valioso de lo prescindible, y se dedicó al desarrollo sostenible de Córdoba desde su Plan Estratégico, pero muy atento a otros proyectos de ciudad como los de Lille, Sevilla o Barcelona.
Fue el primero, en el inicio de la década de los noventa, en proponer que Córdoba aspirase a la Capitalidad Cultural Europea. Lo fue Madrid en 1992. Un empeño por el que luchaba ahora y que nos deja bien enfocado desde sus siempre atinadas y sutiles intervenciones en reuniones de Expertos, Oficina para la Capitalidad, Fundación 2016 y Palacio de Orive.
Padre, compañero, camarada, amigo. Tras su aspecto inequívoco de patricio o senador romano se escondía un alma sensible, un ser atento, una persona sabia desde la ironía en lo intelectual y el afecto en lo personal.
Pasear por Córdoba con él era una delicia; su saber de la cultura, un pozo de sabiduría, su conocimiento de las personas, un prodigio. Como un Sócrates moderno no había vendedor de lotería, frutero, poeta, platero, maestra, ex-alcalde, funcionaria o artista a quien no saludara por su nombre, conociéndolos siempre desde etapas muy anteriores de sus vidas.
Ha sido un privilegio ser su amigo, sentir su generosidad, su personalidad arrolladora pero respetuosa, su simpatía, su inteligencia, su bondad. Sólo tuvo un defecto, para ser cordobés nunca fue a una Taberna ni compartió con los amigos una copa de bon vino.
Iba a decir, nos queda su recuerdo. Lo siento: no nos queda nada. Pero su memoria es un faro encendido, una luz en medio de la noche. Perdurable y frágil como un buen verso:
Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora.
(Luis Cernuda)
Nunca merezcan mis ausentes ojos.
(Luis de Góngora)
Compañero del alma, compañero.
(Miguel Hernández)
Extraordinario lector, los libros de menos de mil quinientas páginas le parecían breves. Una de sus últimas pasiones fueron las novelas de Donna Leon a quien dijo personalmente, en la Feria del Libro, que él era el verdadero Guido Brunetti. Ella sonrió encantada de conocer, por fin, a su Comisario Brunetti.
Hace dos mil quinientos años, Confucio, al perder a un amigo dijo: “¡El Cielo me destruye, el Cielo me destruye!” Algo se ha roto en nosotros y ya no seremos iguales.
El cielo, otro cielo es posible, debería existir para personas como tú. Descansa. Vive.